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En este oscuro siglo en que las estrategias democráticas a secas parecen fijar el techo político para encarar situaciones límite de agudísima crisis social en las que solo es imaginable aceptar o regatear, en buena lógica democrática, las vías impuestas por la infernal lógica de la Troika y su sistema (guerras económicas, guerras sin más, expolio de recursos, estrangulamiento de poblaciones mediante la Deuda, compraventa secreta de aliados para la secreta penetración del TTIP…) parece que la sordera política se globaliza.

Hasta el 6 de julio el gobierno griego ha decidido implantar un corralito económico. Un corralito tardío porque la parte del león ya la desplazó el capital a paraísos fiscales y otras burbujas y redes financieras. Gran escapada que se intensificó en los últimos cinco años de masiva exportación de masa monetaria y que ya es un hecho difícilmente reversible.

Como siempre el corralito actual, redentor hipotético de las miserias del país, afectará esencialmente a las gentes de abajo al cúmulo de capitales medios y de modestos ahorradores. Y eso es malo porque además de ineficaz será impopular entre el pueblo griego de izquierdas.

Grecia es un pequeño país, solo algo mayor que la Comunidad de Castilla y León, minado por gobiernos históricamente corruptos cómplices de la UE y EEUU y encubiertos en sus estafas por las instituciones financieras internacionales.

Ahora, son las viejas élites políticas, la tradicional oligocracia griega la dispuesta a instituir la fraterna unidad de acción con vistas al próximo referéndum. Nada extraño pues que los depredadores del PASOK y de Nueva Democracia apañen su europeísmo economicista con la ambición de volver al antiguo régimen de la alternancia política en que el robo y corrupción fueron el eje de sus “políticas de estado”. Cuentan para ello con sus cómplices internacionales, golpistas sin escrúpulos y deseosos de ser los auténticos propietarios de Grecia. Representan además de al emperador financiero, a los lobbys del agro y la pesca (la agroindustria), a la industria armamentista, las posibles nuevas canalizaciones energéticas y a las industrias extractivas (minería aurífera de Skouries y otras). Mientras, las multinacionales del turismo (excelente apeadero en el viaje del blanqueo de capitales) ansían convertir el país en un Parque Temático, pleno de Hoteles, urbanizaciones de lujo, juegos de azar y prostitución de alta gama.

Quieren colonizar definitivamente Grecia, que siendo puerta hacia el Gran Oriente Medio constituye parte del enclave geoestratégico puente hacia los regímenes aliados no comunitarios regionales e Israel.

Como en los años 30 la invasión de un país y su compra a precio de saldo, es estrategia del capital financiarizado (como fue entonces del capital fascistizado).

Pero como entonces no hay solución intermedia tipo “democracia mejor o democracia peor”. Cierto que las solidaridades internacionales de la pasada semana fueron tan escasas que expresan la soledad del pueblo griego. Más allá de labores de analistas y de los eternos “lo que deben hacer” la cuestión es ¿No estará la Revolución Social llamando a las puertas de Grecia mientras las corrientes reformistas y revolucionarias nos entretenemos en buscar o “recomendar” imposibles vías democráticas que recauchuten una situación madura para la radical transformación del sistema