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Estoy a tres pasos de tu puerta

y si te veo echo a correr.

Te quiero de lejos

y me bebo los poemas

que escribo en las barras de bar.

Me cuelo por las rendijas de mi soledad

y duermo en otras camas.

Fumo todo lo que se deja consumir

y me trago el humo del que no espera nada a cambio.

Pero todo cambia.

 Tú,

  Yo,

 La piel de serpiente que mudamos

cuando (nos) atacamos

y también cuando (nos) amamos.

Espero estar delante de ti una vez más

y no darte miedo o ganas de llorar un mar,

que me mires a los ojos,

las palabras se pierdan

y los besos se encuentren

como si les hubiéramos pagado la fianza

de una pena de muerte.

Qué ciegos estamos,

no vemos ni cuando nos juzgamos

y qué cobardes somos,

no vamos ni cuando nos llamamos.

No es rojo, es ámbar.

El miedo solo existe

porque existe la intuición

Y nuestra eternidad

duró todo lo que dura un amor

que no se puede entender.

Y qué de pena está toda ésta alegría,

No suena a portazo de bienvenida.

Y qué absurdos cuando no estamos,

Solo somos cuando (nos) amamos.