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Por Transfeminalia

Supongo que hay textos más difíciles que otros.

Somos un colectivo Transfeminista de Palencia. No somos democráticxs porque en el colectivo no hay hombres cis y esto ha sido una decisión voluntaria. No somos democráticxs porque la democracia es la tiranía de la mayoría sobre unxs pocxs y nosotrxs venimos de ser siempre esxs pocxs. No puede haber democracia si los espacios no se ocupan desde las posibles diversidades. No puede haber democracia si hay cuerpo más expuestos a abusos que otros, por eso no somos democráticxs.

Somos Transfeminalia el espacio para los cuerpos que transitamos. Transfeminalia surge, nace, se hace, se forja dentro de un espacio de confort, un espacio de protección que no tuvimos en el colectivo Chiguitxs lgtb+. Nos hicimos con los restos de lo que quedo cuando nos dijeron que nos fuéramos porque éramos molestxs cuando algunxs éramos cofundadorxs. Pero para llegar a eso hace falta que nos remontemos. Nos enfrentamos al colectivo que se encargaba de defender nuestros derechos a ser diferentes, nuestro derecho a defender diversidades afectivo-sexuales y de género.

Cuando se formó el grupo de Chiguitxs, el nombre le propuso un compañero que está ahora en nuestras filas. Nos quitaron el nombre y sabemos que sin nombre no nos podemos nombrar y nombrar quiere decir hacer el verbo con un cuerpo.

Tuvimos problemas desde el principio. Se aludió a que el nombre podía hacer referencia a un grupo de pedófilos y que qué era eso de la “X”. Y eso hubo que explicárselo a muchxs, incuido a quien ahora es la cabeza visible de dicho colectivo.

Después de los problemas que se plantearon con el uso de la X y, por tanto, con las identidades disidentes no binarias, los cuerpos vulnerables dentro de sistemas patriarcales ganamos el pulso. Esos cuerpos éramos y somos bolleras, trans* (ftm) y mujeres. Nos fuimos contentes a casa pero sabiendo que seguramente vendrían más puesto que las diferencias radicaban en la concepción de deseo, identidades…

Después algunxs participantes del colectivo hicieron de la lucha por atender a las diversidades una lucha instrumentalizada y sobre todo una lucha institucionalizada. Y cualquier lucha institucionalizada no es una lucha para cuerpos diversos, puesto que los espacios donde estás se llevan a cabo son espacios masculinizados al más puro estilo cishet. Había en algunos participantes del grupo una necesidad constante de estar en prensa, a modo de notas de prensa, otres de las participantes estábamos diciendo que era necesario estar dentro, que no se puede hacer lucha fuera si dentro no se habla, no se crea debate puesto que veíamos posiciones lesbofóbicas, machistas y transfóbicas (y ver esto dentro de un colectivo elegetebéplus es muy fuerte). Estas posiciones venían siempre a modo de risa y de humor, o simplemente de invisibilización. Comentarios como “esta sociedad es matriarcal, porque sois las mujeres las que mandáis”, “la lucha lgtb tiene que ser apolítica” (no deja de ser curioso que en la actualidad se reúnan con partidos políticos o sindicatos), “no debemos apoyar otras luchas que no sean las propias del colectivo” (en alusión al conflicto Palestino-Israelí), o poner en duda la diversidad de identidades trans y remitirse a ellas con el consabido –y claramente dañino- “el cuerpo equivocado”. Sólo son algunas de las cosas que se ve no debían de ser resueltas, que a pesar de los intentos por resolverse, eran silenciadas y ninguneadas y otra vez, y lo que ocurre siempre es que lo no resuelto es una bomba de relojería a los pies de la cama.  La bomba de relojería estalló en UNA conversación de wasap que conservamos íntegra, y que cualquiera que desee, puede consultar, y que empieza porque un ex miembro de Chiguitxs LGBT+ -hoy miembro de Transfeminalia-, bloqueó desde el twiter de Chiguitxs a un usuario desconocido que estaba escribiendo tuits ofensivos, claramente homofóbicos y machistas, en los que se burlaba del colectivo y del lenguaje inclusivo. Nuestro compañero bloqueó la cuenta y lo comunicó en el grupo de wasap que compartíamos lxs miembros de Chiguitxs, con la intención, simplemente, de informar sobre el reporte, de lo que un miembro hoy aún activo de Chiguitxs, se burló con un “pues a mí no me parece para tanto, o tanta, o tantx”, añadiendo el consabido “sois unas exageradas”. A partir de ahí, una compañera trató de explicar –con clara vocación educativa- que el lenguaje es un arma importante, y que los discursos del odio se generan precisamente así (puso como ejemplo el discurso del odio utilizado por la Alemania nazi). Compañera que, también, fue ridiculizada. A partir de aquí, otra compañera que acababa de vivir una historia afectiva complicada en Rumanía, precisamente, por la opresión social construida en base a las palabras, expuso también desde el respeto y la primera persona su vivencia personal, mostrándose vulnerable, a lo que este miembro de Chiguitxs respondió con un “eso será tu opinión”, reduciendo así a una mera opinión la vivencia opresiva por la que una compañera acababa de pasar, infringiéndola así más daño aún, y dejándola en una situación total de, podríamos decir, intemperie afectiva.

Algunas mujeres, bolleras y trans*, alertamos de que la situación estaba siendo alarmante, y de que esto había que atajarlo; a lo que se nos hizo el caso de “bueno ya veremos” o el “habrá que limar asperezas”. Y demás cosas que lo que ponen de manifiesto es la intención del no diálogo, del “ahora eso no es importante” y de intentar hacer de menos los abusos y la lesbofobia y transfobia y machismo galopante que habíamos sufrido. Porque el discurso subyacente era el mismo que lleva recibiendo el feminismo desde tiempos inmemoriales, “ahora no es importante”, “sois unxs exageradxs”, “tenéis que comprender que…”.

Se fue a la reunión y desde la reunión se acusó a las personas que nos habíamos sentido violentadas de que nuestros agravios eran, simplemente “cosas personales”, de tomárnoslo todo como “algo personal”. Con esto, por si alguien no lo entiende, lo que se hizo fue descalificar el discurso, un discurso que se sustenta desde unas bases jerárquicas y opresoras a una  mera experiencia subjetiva deslegitimando de este modo el abuso o la fobia ejercida desde cuerpos de hombres blancos que se denominan osos  sobre cuerpos de mujeres, bolleras y trans* blancxs.  Cuando en la reunión, hicimos saber que nos habíamos sentido claramente vulneradxs, violentadxs y dolidxs por todas esas actitudes y comentarios machistas, y de burla hacia el lenguaje inclusivo y las identidades no binarias, y que no estábamos dispuestxs a seguir soportando ese tipo de cuestiones, la respuesta de quien hoy es cabeza visible del colectivo Chiguitxs fue la de, con un lenguaje corporal con una energía claramente agresiva –dada su envergadura, su cuerpo, y su modo de ocupar el espacio-, espetar un grito con un “no voy a consentir que se hable así a un compañero”. Un arranque de “defensa” que en ningún momento tuvo cuando, de manera continuada, se habló así a las compañeras bolleras y trans*. Como si, por otro lado, él fuese alguien para decidir si consiente o no consiente, como si fuese el emperador del colectivo, el jefe de la tribu o alguna otra figura patriarcal que, enseguida, se posicionó convirtiendo en “agresorxs” a quienes nos habíamos sentido “agredidxs”; infringiéndonos así una especie de “castigo” por haber osado a alterar la calma (la falsa calma, claro), con nuestras quejas. Se insistió en que había que respetar a quien, en ese caso, había resultado ser el agresor, pero ¿acaso él respetó las identidades?, ¿acaso él respetó los conocimientos que con vocación educativa compartía una compañera?, ¿acaso él respetó una situación de una compañera que comentaba sobre su experiencia?

Tras una discusión acalorada –no están acostumbradxs a que cuerpos de mujeres, lesbianas y trans* se empoderen en los espacios sociales-, se nos dijo, literalmente, que “si esto no nos gusta, os vais”, y salimos por la puerta siete personas, quedándose 4.

No conformes con esto, utilizaron ideas y llevaron a cabo acciones que salieron de nosotres, como la del “saldeunpax” y la vendieron como propia. Algo que podemos demostrar porque unas amigas con las que fuimos hace más de dos años de esto a IKEA nos hicieron una foto saliendo de un armario del IKEA, y fue algo como muy familiar y divertido, y desde ahí lo transportamos a una reunión anterior para hacer una performance con ese mismo sentido con el que la hicimos la primera vez…

Eso por no hablar de que no sabían diferencias entre género, deseo sexual, identidad y sospechaban de todo lo que no era “normal”, más el intento constante de buscar la normalización y la burocratización de nuestros cuerpos.

Después se nos ha acusado de ser lxs disidentes –¡cuando nos echaron!-, lxs raritxs y lxs “personales” cuando en la asamblea de Chiguites, en el momento en el que nos fuimos quedaron cuatro personas y nos fuimos siete, perdón echaron a siete (más de la mitad del colectivo, ojo), y una de las personas salió llorando. Nos fuimos a tomar unas cañas y de ahí salió Transfeminalia, de esas cañas y de esos abusos. Y de la necesidad de crear espacios de confort para cuerpos e identidades disidentes. Porque una vez creíamos estar a salvo, pero nos equivocamos. Evidentemente, en Transfeminalia hay nuevo tejido social, nuevos cuerpos que han sentido la necesidad de aliarse en espacios de confort transfeministas, que no pertenecían ni pertenecieron en ningún momento a Chiguitxs lgtb+, por lo que ese trato que nuestro colectivo está y sigue recibiendo por parte de Chiguitxs  (y que a continuación se relata), resulta especialmente injusto y doloroso.

A partir de ahí, hemos trabajado y participado de manera conjunta con la buena gente de la PAC LGTB+ Valladolid, con quien no sólo nos unes las luchas, sino también las estrategias y la vocación “transfeminista” (palabra de la que también se nos “acusó” en Chiguites, como si fuese algo de lo que estar avergonzadx). Por eso, cuando nos propusieron participar en la mesa de organización del orgullo CyL, pensamos que estaría bien sumar voces distintas, distintos enfoques de abordar una misma lucha. Sabíamos que en esa mesa iba a estar, entre otros, el colectivo del que “nos echaron”, pero claramente, pensamos que las personas adultas por muy “desviadas”, que sean, -como es nuestro caso, el de todxs, quiero decir- pueden compartir luchas conjuntas. Pero nuestra sorpresa fue grande cuando Chiguitxs LGTB+ reaccionó de manera claramente negativa (conservamos mails que lo ilustran), y se cerró en redondo a nuestra participación en el orgullo CyL 2015. A esta negativa, se sumó, más diplomática, eso sí, pero negativa igualmente, la postura de la FEcylgtb+, argumentando que teníamos que pasar no sé cuántas cribas para ver si ellOs decidían “darnos permiso” para participar. Evidentemente, Transfeminalia no quiere estar en una mesa en la que le ponen trabas para estar, en una mesa en la que “deben darle permiso” ya desde el principio. No deja de ser alucinante que quienes llaman a la unidad, se apropien de los espacios de confluencia, de las organizaciones y, si me apuras, también de la calle.

Ante esa situación, la PACLGTB+Valladolid y Transfeminalia, decide sumarse también a la celebración del orgullo 2015 CyL, pero desde otro enfoque, y con otra óptica. Si la lucha empieza en algún sitio, es en casa. Si el cambio ha de llegar, llegará por nuestras camas y nuestros cuerpos y nuestras palabras, y entrará por nuestras puertas y ventanas. Si quienes dicen estar por la defensa de la diversidad, toleran y fomentan y silencian las agresiones, e incluso las perpetran, no sólo no nos defienden, sino que además, invisibilizan y neutralizan nuestra lucha. Por eso, ahora más que nunca, el orgullo será interseccional. Por eso el orgullo será en primera persona, ahora más que nunca, será transfeminista, o no será.