image_pdfimage_print

Quizás no quede nadie más allá de la noche,

quizás las vestiduras se rasgan en silencio,

quizás las amapolas han sido siempre sangre.

Me ofreces siempre dudas como quien da un abrazo,

un abrazo tendido en el andén desierto,

el tren en la distancia, la maleta olvidada.

Me ofreces siempre dudas como si fuera un ramo

de flores luminosas en la niebla del puerto,

el barco en la distancia, la sirena sonando.

Me ofreces siempre dudas,

y yo te lo agradezco

y me quedo contigo a construir la casa

e hincar nuestra bandera cuando cubramos aguas,

para que el viento tenga colores donde asirse.

Me ofreces siempre dudas como quien da sustento,

como quien da horizonte al viajero esperado.