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Paseo

Camino y siento tu gélida combustión
ascendiendo por los entresijos de mi alma encandilada
con sobriedad y entereza coronas nuestras miradas
del suelo emerges escarpada y furiosa
como repentina erección de Dios
y con tus siniestras antenas pétreas
extiendes tu agnóstico influjo
sobre nuestras cosmopolitas cabezas
paraguas tronchado por la furia ventosa
cama vacía en la Residencia de Estudiantes
beso de café tostado y candor divino

Camino por entre la procesión de tenues gotas
recónditos refugios de hombres perdidos
colosales botellas en mano bruscos ropajes
pláticas encendidas de asumida decadencia
fauna urbana que sustenta y aviva las brasas del entendimiento terrenal
en la urbe solitaria

Allen, ya no me escribes
Allen, ¿qué ha sido de ti?
Pequeño e inocente Al
¿acaso entregaste tu cuerpo a la providencia
de las amarillentas páginas del olvido?
¿Acaso sufriste en tus carnes la horrenda tortura de la libido?
Allen ¿qué fue del Gremio de los Maricas
tan severamente castigado por el libre mercado?

Acongojado por tu trascendental grandilocuencia
protegido por la sombra proyectada por tus pétreas antenas
abrumado por la acotada infinidad de tus entrañas
penes retráctiles senos eréctiles de tu madre María
coronando la villa castellana y elevando a sus gentes
al entendimiento más puro.

Camino entre la burlona sucesión de tenues gotas
paraguas de chasis quebrado
hombres destilados con su propia conciencia
camino de adoquines volátiles
y suntuosos brazos de corteza.