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No tiene nada que ver ser esclavo de la razón que ser razonadamente esclavo. El primero es un ser de la politeia cuyo fin es el arduo trabajo no remunerado, el real esclavo del estado que sirve y explota su mente aunque de forma no sensible, pero si gustosa; y el último es el ser que mediante la implementación de los sentidos, acepta la razón sin razonarla y se atiene a realizar su servidumbre, soñando con llegar a ser persona, tal vez como lo soñaba el sabio.