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Por rotas que las cadenas estén,

Por mucho que de mí las quiera apartar,

De mi corazón no las podre arrancar,

Pues fueron un día mi gran edén.

Ahora las contemplo con pesar,

Pues no llego a entender,

Y no alcanzo a comprender,

Porque si es tan bello, me duele el amar.

Ya vi la oscuridad a la que miro sin temor,

Soy impávido si veo mi luz,

Y grito con dolor mis últimas palabras de amor;

“No te pierdas, desvanezcas, ni mueras,

Mi cadena es aquella pulsera,

Y mi luz siempre fuiste tú”.