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Atravieso todas las trágalas

Víctor Atobas

 

 

Emparedado en tallajes de forrajes y triste sal
perdido en el maizal
caía y las sombras asomaban tamborileras,
se ponían bailarinas en torno mi caída;
volvía a caer y, de nuevo,
un olor a mazorca podrida
a familiar laberintia:
come come más
limpia lame el plato mastica traga bien tu suplicio.

La trágala me daba seguridad en galas amarilladas
de confortables y rojas enrejilladas;
la trágala me daba posadas encadenadas
billetes para festejos de apolos autoros tragones,
de modo que tragaba la trágala y la vomitaba
la vomitaba queriendo morirme
pues aún era apoyatura para apolos autoros tragones:
era desvencijada mesa para su regocijada comida,
pero ya no más,
ya no más,
ya no más.

Ahora atravieso todas las trágalas
sin morir por ello de hambre,
tragando no trágalas sino minúsculo plancton,
como pez-coro entre abismos grandes peligros
y oceánicas alegrías:
como pez-coro lleno de honda herida
y más profunda dicha.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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