-Para Marina,
la sirena de las olas de mi corazón.
XXIV
HORIZONTE
“Sumergirse en el agua,
cerrar los ojos
y convertirse en pez.”1
Silencio, el mar la recibe callado,
atento, a expensas del dibujo
de su cuerpo en el agua,
a la espera de las primeras escamas
y del primer aleteo.
Abre los ojos
y el mar se mete dentro,
explora su alma, sus recuerdos;
y tras una película de burbujas
se oye su lamento.
El mar le habla y le cuenta un cuento.
Se tiñe del verde de sus ojos
y se ciñen las olas a su movimiento.
Ella lo olvida todo,
y tumbada sobre ostras perleras y corales
mira el encharcado cielo.
Y entonces vuela,
y las nubes bajan al suelo.
Ya no tiene cola,
la sirena es un ave del viento.
Se la llevan suspiros de marineros
y las canciones piratas de otros tiempos.
El olor a sal despierta
su apetito de sueños.
Balanceada por las olas
comienza a bailar lento,
bailarina de papel pinocho
y amazona de veleros.
Al dar las doce
pierde la cola de cristal
y toca el suelo,
dice adiós al mar
y se despide del cielo.
Finaliza el baile
y acaba el cuento;
aterriza el ave
y cesa el lamento.
Pero el mar la quiere en su lecho,
y dejando un corazón de escamas
entre sus piernas,
la acompaña con su brisa
mientras camina
y le susurra al oído:
“Marina”.
1- Referencia a la obra “Reflexiones de una soñadora” de la misma autora.

