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─ Johnny, escucha; tienes que ser una buena persona ─ dijo Tánatos.
─ No quiero ─ respondió el chiquillo al que el mismísimo Chuck Berry dedicó una canción.
─ Qué va a pensar la gente si te ve con esa pinta de vago y maleante, eh, dímelo tú. Esa imagen que das de ti a los demás es lo más importante porque es lo primero que le entra a la gente por los ojos; piensa sino en esta misma ciudad donde vives, en Burgos, el arco de San Gil es un ojo…
─ Yo no doy ninguna imagen…
─ El hoyo del Crucero es un ojo hundido en su cuenca, el cerro del Castillo es una montaña de ojipláticos señores juzgándote en esta dura competición que es la vida; esa esquina de Laín Calvo es el filo de su cuchillo y él te cortará y tu sangre se derramará cerca de Fernán González y tu destino quedará atado las manos largas de San Francisco. Escúchame de una vez; go, Jonny, go, vamos, vete de una puta vez a producir para que así no estés todo el rato pensando, erre que erre, que si te enamoraste perdidamente aquí, allá y acullá, que si Eros no quiere el trabajo enajenado, que si llevas diez putos años escribiendo novelas, ensayos, poemarios y artículos y que eso debiera considerarse como un trabajo cuando lo único que consigues es hacer el ridículo no sólo ante nuestros vecinos jueces sino sobre todo ante ti y como sabes el ridículo en un mundo tan pequeño como este, en fin, y lo peor es que no eres consciente de que tu responsabilidad es ser responsable como esclavo, a ver perdona hoy estoy es-pesa-do, tú obligación es ir contra tu deseo y esto se entiende en que no todo el mundo puede ir desatando a su Eros interior porque en fin, ya sabes, la civilización se iría al garete y entonces qué sería de nosotros; tú te dedicas a hacer el vago y a fumar flores amarillentas y resecas mientas recitas como un poseso a esos poetas de nombres perdidos y oscuras intenciones, te quedas ahí pasmado y te dan escalofríos azules y se te eriza la piel como hierba fresca y yo no sé cómo decirte que las personas tenéis que haceros responsables; tenéis obligaciones para con vosotras eso para empezar y luego con otras personas y sí, ahora empezarás a decirme que si ya has trabajado y no has podido soportarlo pero eso ha sido porque no has querido soportarlo. Explícamelo, y no vale salirse por la Tangente… no, majo, no, quieto ahí un momento.
─ Que te jodan tío. Me estás dando mal rollito; ahí te quedas, me voy a las Fuentes Blancas a sumergirme un poco en esas intenciones oscuras que dices… ─ Johnny se puso a gesticular sacando la lengua, haciendo ruidos graciosos.
─ Ya me sé el discursito de que eres un vago porque la gente poderosa, la mala gente como el Pozo ese del que siempre hablas, quería que tú disfrutaras prostituyéndote y compitiendo a machetazo limpio para ganar unas cuantas moneditas de chocolate, pero qué quieres, el mundo funciona así, que eres un niñato, la vida no se puede separar del sistema a ver si te enteras que eso lo tiene escrito Habermas…
─ Yo a Habermas me lo paso por el forro de los cojones.
─ Ya claro tú te pasas por el forro a Habermas verdad que sí, y encima te quedas tan ancho después de soltarlo, a ver… Eros no puede bajar la tierra prometida aquí, a este Burgos donde apenas hay oportunidades y menos para un vago y maleante como tú… Johnny, Johnny, tienes que aceptar tus responsabilidades de esclavo.

Pero Johnny no quería escuchar a Tánatos y soñaba con darle una paliza ayudado por sus amigos resacosos. El joven se iba a Fuentes Blancas y se quedaba allí leyendo y escribiendo poesía mientras la piel se le iba erizando como las agujas de pino que se asomaban entre los brazos y dedos verdes del bosque. El viento soplaba como la colada colgada en la terraza. Tras dejar el libro, él sabía que saldría del cobijo del bosque y de los versos de los poetas, sabía que conduciría por la ronda y Gamonal y que Tánatos y su amigo Capital volverían a hablarle más tarde o más temprano. Tendría que volver a luchar y buscar la ruta de fuga. Y estaba decidido a hacerlo, pues Eros le susurraba sus placenteros versos al oído.

 

 

 

 

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