En una ciudad sin árboles, se propaga la tristeza, es tan fácil palpar el dolor.
La gente camina bajo el sol, y no hay sombras para refugiarse; primero se odia el calor y después a la ciudad. Las parejas se divorcian, los niños son maltratados, los jóvenes se unen en pandillas y se golpean. La muerte es una rutina, igual que la basura; igual que los grises, igual que los secuestros.
En una ciudad sin flores, las adolescentes se visten con menos ropa, su carne aporta la belleza; la felicidad se mide en cajas de cerveza y en preservativos usados. Nadie hace preguntas, a nadie le importa que las mujeres se embaracen cada vez más niñas, que los adultos engorden, que abunden los perros y los niños callejeros. En las calles donde no hay árboles, el ambiente se polariza: una cantina, y una iglesia; alguien reparte biblias y alguien vende su cuerpo.
En una ciudad sin árboles, los habitantes tienen pocas opciones; o buscan la eternidad, o se unen a disfrutar los momentos de la carne.


Me encanta la manera que te expresas Guillermo, hay mucha verdad y sensibilidad en tus palabras, la realidad de la vida es esto que describiste, no matemos la vida, plantemosla y veamosla crecer y desarrollarse juntamente con nosotros! Que bendicion vivir en una Ciudad con Arboles!