
No había lugar para improvistos. La Pequeña se acercaba por momentos. Cada instante se contaba bajo la más cruenta guillotina. La sangre corría por su círculo perfecto a medida que pasaban kamikazes temporales.
El problema estaba siendo absolutamente intempestivo – ¡Romperá con todos los horarios! –La cuenta atrás había empezado. En lo que cantaba un gallo, en lo que contaban diez. No más calendarios. Sólo un final no deseado. La eternidad se acercaba y nadie estaba preparado – ¡Que sigan buscando!
Y, sin previo aviso, el tres apareció de nuevo en su sitio. Los pretéritos, los presentes y los futuros volvieron a tener sentido.

Bravo… magnífica forma de jugar con el inexorable tiempo.